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¿Estás viviendo o sobreviviendo?

  • 21 jul
  • 4 min de lectura

Si últimamente sientes que vas en piloto automático, que tu cuerpo está siempre en alerta o que estás "tirando" más que viviendo, este artículo es para ti.

Hay épocas en las que un día se parece demasiado al siguiente. Te levantas, haces lo que toca, respondes mensajes, trabajas, llegas a la noche... y, aun así, sientes que no has estado realmente presente en ningún momento.

Desde fuera puede parecer que todo está bien. Pero por dentro, poco a poco, algo empieza a apagarse.

Muchas personas viven así durante meses (o incluso años) sin darse cuenta.

No hablo de una tragedia ni de que estés pasando por "algo muy grave". Hablo de un estado del sistema nervioso. De un cuerpo que lleva tanto tiempo en alerta que ya no recuerda cómo es sentirse realmente a salvo. Hoy quiero ponerle nombre a ese lugar: el modo supervivencia.


Qué significa estar en modo supervivencia

Cuando tu sistema nervioso entra en modo supervivencia, hace exactamente aquello para lo que está diseñado: protegerte.

Hoy sabemos que, cuando el sistema nervioso permanece demasiado tiempo en estado de alerta, puede empezar a interpretar como amenazantes situaciones que en realidad son seguras. Como consecuencia, el cuerpo se mantiene preparado para responder, aunque ya no exista un peligro real.

Por eso no basta con "pensar en positivo": también necesitamos ayudar al sistema nervioso a recuperar la sensación de seguridad. De esto hablaremos más adelante.

Cuando vivimos en alerta constante, el sistema nervioso empieza a priorizar lo urgente, a anticiparse, a controlar y a mantenerte funcionando. El problema es que, cuando ese estado se mantiene durante demasiado tiempo, termina pasando factura.

Quizá lo reconozcas porque...

  • Sientes que siempre hay algo que resolver, incluso cuando, en teoría, todo está bien.

  • Vas haciendo una cosa tras otra sin apenas darte cuenta de cómo te sientes.

  • Comes cuando puedes, descansas cuando ya no aguantas más y hace tiempo que dejaste de preguntarte qué necesitas.

  • Tu mente no encuentra pausa. Aunque te sientes un momento, por dentro sigues corriendo.

  • El cansancio se acumula y empiezas a normalizar vivir con estrés.

Y hay algo que, para mí, es especialmente importante.

Cuando vivimos en alerta durante mucho tiempo, apenas queda espacio para hacernos una pregunta muy sencilla, pero muy poderosa:

¿Estoy viviendo una vida que he elegido... o simplemente estoy sosteniendo una vida por inercia?


Señales cotidianas de que podrías estar sobreviviendo

A veces lo que más habla no es nuestra mente, sino el cuerpo.

Quizá te reconozcas en alguna de estas situaciones:

  • Te sientes cansada incluso después de descansar.

  • Estás más irritable de lo habitual o sientes que cualquier cosa puede hacerte llorar.

  • Hay una ansiedad de fondo incluso en los días tranquilos.

  • Notas tensión en la mandíbula, los hombros, el pecho o el estómago.

  • Duermes, pero no sientes que realmente descanses.

  • Procrastinas constantemente... o haces justo lo contrario y no puedes parar de hacer cosas.

  • Haces planes bonitos, pero te cuesta disfrutarlos de verdad.

  • Necesitas tenerlo todo bajo control para sentirte tranquila.

  • Te aíslas o te cuesta pedir ayuda, aunque la necesites.

Si has asentido mientras leías varias de ellas, no significa que haya algo mal en ti.

Significa que tu cuerpo lleva tiempo intentando protegerte de la mejor manera que sabe.

Y una cosa es estar en un estado… y otra es convertir ese estado en identidad. Tú no eres tu estado. Estás en un estado. Y los estados pueden cambiar.


Normalizar sin justificar: lo que te pasa tiene sentido

Esto es clave: si estás así, no es porque seas débil ni porque estés “rota”.

Es tu cuerpo intentando protegerte con las estrategias que ha aprendido. Y una cosa es estar en un estado… y otra es convertir ese estado en identidad.

Tú no eres tu estado. Estás en un estado. Y los estados pueden cambiar.


Sobrevivir vs vivir: la diferencia entre reaccionar y elegir

Para mí, la diferencia no está en hacer más o hacer menos. Está en desde dónde haces las cosas.

Sobrevivir es reaccionar, aguantar, complacer, correr de un sitio a otro sin apenas detenerte.

Vivir es sentir, elegir, priorizar, descansar sin culpa y recordar que tú también formas parte de tu lista de prioridades.

Y no, no hace falta cambiar toda tu vida de un día para otro.

A veces volver a ti empieza con algo mucho más sencillo: respirar profundo, darte cinco minutos de silencio o preguntarte con honestidad qué necesitas hoy.

Pequeños gestos que, repetidos en el tiempo, pueden cambiar mucho más de lo que imaginamos.

Si quieres empezar a comprender mejor este proceso y hacer una práctica sencilla para ayudar a tu cuerpo a salir poco a poco del estado de alerta, te acompaño en el primer episodio del podcast La vida que yo elijo. No se trata de dejar de sobrevivir de un día para otro. Se trata de empezar a crear pequeños momentos en los que tu cuerpo pueda recordar que también es seguro vivir.

Quizá el cambio no empiece cuando tengas todas las respuestas.

Quizá empiece el día que te atrevas a hacerte esta pregunta con cariño: ¿Estoy viviendo... o solo estoy sobreviviendo?

Y si hoy la respuesta se parece más a "sobrevivir", ojalá no la vivas como una sentencia.

Mírala como una invitación.

Porque tu cuerpo no está intentando hacerte la vida más difícil.

Está intentando protegerte.

Y quizá este sea el momento de decirle, poco a poco, que ya no necesita hacerlo todo solo.

 
 
 

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